Gritaban como perras, pidiendo aquello que tenían y ahora anhelan.
Yo las miraba, panda de putas. Superficiales todas. ¿Queréis amor? ¿Que hay del chico que os amaba mas que a vuestra vida y despreciabais por su aspecto? Escoria...
Me miraban como perras, me enseñaban sus dientes, sus garras, gruñendo como si razón no llevara.
Já, diréis que es mentira, vivimos en un mundo superficial con personas superficiales e ideales superficiales. Ya sé que me repito, pero es para que se os quede en vuestro cerebro de neandertal.
Se lanzaron a mi, dispuestas a atacar. Pero, no me moví, al llegar a mi, calladas se quedaron, se dieron la vuelta y por su jodido camindo volvieron.
No sé si fué la locura, la desesperación o aquel razocinio sin razón, lo que vieron en mis ojos... Verdes, teñidos de negro, de la oscuridad de aquel corazón.
¿Pero por qué no las seguía? ¿Por qué no las agarraba del pelo, las tumbaba y las degollaba?
Simple... ¿Y qué gano yo con ello?
Pero se lo dije, se lo grite. Grite como nunca y sus ojos, abiertos como platos me miraron.
¿Por qué coño me miran? Que se creeran esas zorras de mi pasado. Sobre mi, ningún derecho tienen guardado. Deberían saberlo, para lo único que las guardo en mi mente, es para no repetir los errores del pasado, y ver lo cruenta que puede ser la vida. Pero, ¿por importancia? Já, con lo que me cuesta querer y apreciar a los demás como para hacerlo por esas putas.
Y se me quedaron mirando, allí, mirando.
Bah, exclamé, me di la vuelta, me metí las manos en el bolsillo y me largué silvando.
Ellas atónitas se quedaron. Me miraron, pero en poco tiempo reaccionaron. Empezaron a caminar tras de mi.
Yo las sentía, su maldito aliento en mi jodida nuca, cada vez más nítido y más cercano.
Empezé a correr, y ellas tras de mi. Girara donde girara, ellas tras de mi.
Oh mierda, no hay más camino, miré hacia abajo, y nada más que un precipicio, cercano, familiar, sin fondo, lleno de atractivo, de salvación y de perdición.
Y atrás estaban ellas, como putas, como rameras.
¿Qué quereis? les preguntaba yo... Ellas nada respondían, jaja, ni si quiera ellas lo sabían.
Egoistas, sois unas egoistas, pero, ¿qué te creías? ¿Que sería un perro faldero para el resto de mi vida? El único perro que queda aquí es el lastre de mis sentimientos. Pero desaparecerá.
Sonreí, miré al vacío, a la nada, y salté...
Me pregunto si alguien me cojerá en brazos y me salvará...
Ah, quien sabe...
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