domingo, 19 de agosto de 2012

El viento.

¿Conocéis esos típicos días familiares? Que son como las películas.... Todos un día entero en un bosque al lado de un lago y picnicks y tal... ¿Sí? Por lástima, yo también.

¿Lástima? Sí. Hubiera sido un día perfecto, pero falló una cosa... No pude estar solo.
Un paisaje idílico, precioso, inspirador, alentador. Solo me daban ganas de tocar la guitarra, blueses, y escribir... ¿Sobre qué? De eso quería hablar.

En un momento de esta tarde cogí y me largué lejos de todos. Subí, camino arriba...

Un árbol me daba la mano y una piedra me guiaba en mi destino. Cruzaba la vista con las nubes grises del cielo. Me miraban, y como no, conversaban. El aire pasaba por mis cabellos, mis oidos, mi cuerpo. No oía más que explosivos silencios. No oía más que mi aliento y la música que con tanta selección se ponía de acuerdo con mi cerebro.

Yo semidesnudo me senté en una roca. Hasta aquí te guío me dijo ella. Miré hacie arriba, hacia la nada y sobre todo lo que me rodeaba. Pensé, como no...

Me di cuenta de que me sentía extrañamente bien. Solo, en la naturaleza, con música y sin nadie que perturbara mi mente y el flujo de palabras que salían por mis estúpidos labios.

Pero... Faltaba una cosa, una compañía.

Pause la canción que escuchaba en aquel momento. E intenté buscar una que no me recordara a ti... Pero todas lo hacían. Asi que puse "aquella" canción con la que tanto te identificas.

Me puse de pie, cerré los ojos y la escuché desde el fondo de mi corazón.

Los arboles la cantaban. Las nubes, susurraban. Aquella piedra sobre la que de pie estaba, ya no me guiaba, tan solo dormitaba.

Alcé la mano, al viento. La extendí. Estremecí hasta la útima parte de mi cuerpo.

Cerré la mano, a la vez que susurraba tu nombre.

Mi ilusa mente esperaba encontrar tu mano. Pero, obviamente no estaba... Solo toqué el aire y mis propias yemas de los dedos.
Abrí los ojos, desilusionado y esbozé una sonrisa melancolica. ¿Que pretendía?

Y me di cuenta de muchas cosas de mi vida. De mi existencia, de mi mismo e incluso por un momento entendí a mi cerebro.

Quise gritar tu nombre. Quise llorar y golpear. Quise liberar mi ira hasta morir de agotamiento. Pero no lo hice por que no me oirías, no me sentirías, no me verías "morir".

Entonces pensé, que probablemente no sería el primero que te dijera aquellas palabras...
Me di cuenta de a la de personas que mienten los demás con ilusiones, con falsas palabras...
Me di cuenta de las de veces que me engañaron...
Que es normal que ya no te creyeras esas palabras, que nadie las creyera en este mundo.

Pero me dije que me quedaban muchos años para hacertelas creer, para hacerselas creer a los demás...

Por que yo no hablo en vano.

Yo no siento sin más...

Y me bajé de aquella piedra, melancólico, pero agradecido por la "experiencia".

Caminé, volví cuesta abajo...

Los arboles de mi se despedían.

Las nubes cerraban los ojos y se dormían...

Y el viento...

El viento me agarró de la mano... Para no dejarme ir solo...




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