domingo, 11 de noviembre de 2012

Sin Oxígeno.

Tenía la guitarra entre mis manos. No sabía que tocar, simplemente, la tenía entre mis manos.
Miraba por la ventana, con la mirada perdida. Las nubes, negras, pasaban una tras otra. Unas lágrimas empezaron a correr por mi mejilla. Estaba triste... ¿por qué? Pensaba que nunca había dejado de estarlo.
Me levanté con la guitarra en la mano. La miré, y sin saber como, ni por qué, una décima de segundo más tarde estaba destrozada en la pared. Estaba perdido, actuaba por instinto. ¿Por qué estaba aquella guitarra destrozada?¿Por qué las nubes no me miraban?¿Por qué? Tenía tantas preguntas en mi mente, pero ninguna respuesta. De repente, el oxígeno comenzó a faltarme. Otra vez aquello. Esos pensamientos. Aquellos que me llevaban al borde la locura, que no me dejaban respirar, que hacían que me retorciera sobre mi mismo...
"Para " pensaba, "para" quería.

Por poco, el oxígeno volvió a mi. Volvía a respirar. Nunca me había pesado eso, pero, desde hace semanas, era casi diario. Vivía con ese miedo en el cuerpo. Me levanté y me asomé por la ventana. Allí estaba el cielo, las nubes, y abajo, el suelo. Me subí al borde de la ventana. Allí estaba, desnudo, al borde del abismo. En aquel suelo estaban todas mis preguntas, y todas mis respuestas. En aquel suelo estaba la respuesta que llevaba toda la vida buscando. Era el camino fácil. Pero, ¿y si eran verdad mis pensamientos? Otra vez el oxígeno volvió a faltarme. Me mareé, cerré los ojos... El brazo me dolía. Estaba agarrado a la ventana, al borde. Tenía dos opciones, soltarme, o subir. Barajé mis motivos, en un mísero instante. ¿Por qué quería vivir? Jamás lo supe, jamás lo sabré. Pero subí, me deje todas mis fuerzas en subir.

Y allí acabe. En mi suelo tumbado, con una guitarra destrozada a mi lado, con lágrimas bailando, con más preguntas, con nada claro.

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