domingo, 20 de enero de 2013

"Alone"

Un acorde rasgado, todos se dieron la vuelta, todos se quedaron mirando.
Él sonreía como de costumbre, el fingía, como de costumbre.
Y siguió tocando, las palabras brotaron de él, y con lágrimas en las mejillas, se hallaba cantando.
La rabia brotaba de él, una gota de odio en cada palabra, una gota de odio en cada nota.
Pero todos dejaron de mirarle, de escucharle.
"Alone", gritaba, pero nadie le hacía caso. Todos se miraban entre ellos, se saludaban, se besaban, vivían, y ante todo, a él no se dirigían. Una muestra de afecto tras otra, resquicios de esperanza en cada mirada.
Pero él, solo estaba. Seguía tocando, gritando, cantando, cada vez más fuerte, con más sentimiento, con mayor suplicio.
Se desangraba, las yemas de sus dedos sangre destilaban, y sus ojos inyectados estaban.

Dejó de tocar y... todos se dieron la vuelta.
Le miraban mal, le insultaban, le degradaban.
Cogió su guitarra y siguió tocando, y echando el corazón en cada verso roto de tanto llanto.
Y todos le dieron la espalda, todos entre ellos se hablaban, se abrazaban.
Y ahí estaba él, atado a lo que se propuso, sin poder dejar de tocar sin que le mataran.
Pero solo, siempre solo.  La gente iba y venía, pero él no podía parar, nunca.
Cada vez más débil, cada vez más solo, viendo la vida de los demás pasar, viendo como se le escapa la felicidad.

Reventó la guitarra contra una pared, el micrófono contra el suelo, y sus esperanzas contra el techo.
LLoraba, no le quedaba nada, ni siquiera el dolor que los demás le suministraban.
"Alone" gritaba, pero nadie le escuchaba.
Estaba solo en la habitación, en medio de un charco de sangre, negra, como la rosa en su corazón, negro, como su inminente futuro de desesperación.

Sus ojos se teñían de miedo.
Su cuerpo temblaba, por el frío de sus pensamientos.
Su pelo se caía, debido a los desgarros del destino.
Su corazón explotaba, debido al maltrato de sus "amigos".